¡Hola, hola, hola!
Saludos y abrazos, querido lector,
desde mi casa, después de una larga ducha y una cena rica de algo
que no eran latas. Hemos vuelto a Valdemoro. La peregrinación ha
terminado... ¡o más bien es el nuevo comienzo de algo apasionante!
El día de hoy ha sido toda una guinda a este rico pastel.
Salimos temprano de Oporto,
despidiéndonos del las personas del alojamiento que con tanto cariño
nos han tratado los últimos dos días. Estaba a punto de llover
cuando nos íbamos. Quizás Oporto estaba triste. El caso es que para
ayer y antes de ayer daban lluvvias también y no llovió una gota
(Providencia de nuevo).
El madrugón de la mañana se ha
compensado con el sueño ganado en el autobús, camino de casita.
Antes había que cruzar la frontera de nuestr país (¡viva España)
y parar en Ciudad Rodrigo para arramplar con las estanterías de la
sección de conservas del día y tener la última comida juntos.
Comida que además ha servido para contar nuestros testimonios. Solo
decir que han sido emocionantes, preciosos y muy enriquecedores para
todos (o por lo menos para mí). Gracias.
Mas bus, con Toy Story 3 (una de las
mejores películas de la historia). Nervios porque ya llegábamos a
casa, mucha alegría y risas al ir recordando todo lo vivido estos
días. Canciones juntos que nos recuerdan la emoción de ser una
familia: la familia de los jóvenes de la Asunción.¡Esto es la
Iglesia señoras y señores! ¡Esta alegría sólo la da Dios! El
primer día apenas nos conocíamos en profundidad, sólo de vista, de
vernos una y mil veces en las misas o en la multitud de grupos de la
parro. Hoy sabemos que nos une lo más grande que podemos reconocer
en nuestras vidas: Dios. Y con Dios en común... ¡cómo no estar así
de alegres!
Bendición final del párroco y el
diácono. Entrada en Valdemoro. Las caras de los padres, hermanos y
amigos se van viendo a lo lejos. Lágrimas de despedida porque esto
se acaba... Pero... ¿es que esto se acaba?
¡No! ¡Claro que no se acaba! Todo lo
contrario, esto es el nuevo comienzo de algo apasionante. La alegría
de estos días no se puede quedar en nada, es para compartirla con
todos los que nos rodean, es para darla a toda la parroquia. ¡La
auténtica vida cristiana es la que nosotros hemos vivido estos días,
y no otra! Ser cristiano es esto, y no otra cosa.
Solo queda dar muchas gracias a Dios
por haber echo posible que esto fuera así, por haber actuado en cada
momento con su Providencia.
¡Qué bonito es vivir así! ¡Cuántas
cosas quedan por pasar en este nuevo comienzo! Otras historias que,
como tales, tendrán que ser contadas en otros momentos (empezando
por la peregrinación a Guadalupe dentro de muy poco...).
¡Hasta entonces quedamos en la
Asunción! Un abrazo, y que Dios te bendiga, querido lector.
No hay comentarios:
Publicar un comentario