¡Hemos llegado a Lisboa! Yujuuu
Y no ha sido nada fácil... Porque primero hemos ido de excursión, esta mañana. Resulta que por estas tierras portuguesas ha habido portugueses hace mucho tiempo. Los primeros portugueses pusieron hace miles de años unos menhires para expresar su deseo de Dios (¡nos explicó el párroco!). Esos son los menhires que hemos venido a ver hoy, mochila en mano y zapatillas en pies.
Comida para reponer fuerzas, "totem" para descargar tensiones y preguntas teológicas sobre los pecados mortales para animar la sobremesa. Se respira muy buen ambiente, todos tan amigos (aunque los amigos invisibles se están manifestando poco todavía...).
Qué pereza bajar y qué alegría ver subir nuestro minibús por la cuesta para buscarnos. Nunca un conductor de ruta fue tan aclamado y aplaudido como el nuestro. Un crak. En seguida nos dejó parar a vaciar el estómago de pis y volverlo a llenar de agua fresca lusa. Al dueño del bar le hemos sacado de la crisis a base de comprar botellitas de 33 cl.
Nuestro alojamiento aquí en Lisboa esta wapo. Un albergue de unos scouts muy majetes. Que bendición la ducha (sobre todo el que la pilló caliente).
La velada, que estaba preparadísima (hoy le tocó a Lucía), ha estado muy bien. Concurso de chistes sobre esclavos en barcos, concurso de tíos sucios y panes que hablan. ¡Ah! Y la Redon, que ha contado el chiste de Rocky con su vocecilla especial (decidle un día que os lo cuente, lloraréis de risa). Ha ganado ella.
Y ha sufrido la pobre Clara, tratando de adivinar cual era la enfermedad de nuestro particular manicomio, o, como diría Oscar, "el patrón común que nos identifica a todos". Menos mal que MariTere la hechó una mano.
San Juan de Dios, que nació cerquita de Évora también estuvo en un manicomio, y supo después llevar la alegría a todas las personas con las que se encontró en su vida. Esa es la alegría que tenemos aquí, la alegría que Dios nos da y que entre nosotros nos contagiamos.
¿Mañana? Vamos a visitar Lisboa, ¿qué si no? Va a molar un montón, seguro. Aunque esa será otra historia y tendrá que ser contada en otro momento.
Hasta entonces te dejamos unas fotos, y vamos a dormir, querido lector.
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